- El teatro en la Antigüedad
Desde sus orígenes hasta el
presente, el género dramático se fue modificando junto con los
cambios de la humanidad. Sin embargo, algunos de sus rasgos
principales persisten en las obras actuales.
Los documentos más antiguos que se
conservan sobre el género dramático en Occidente corresponden a la
Antigüedad clásica. Más precisamente se originaron en Grecia
alrededor del siglo VI a.C. En la vida de la polis, el teatro estaba
destinado a las representaciones que se realzaban durante los
festejos en honor a los dioses. Las más importantes eran las fiestas
en honor a Dioniso, en cuyos festivales los autores presentaban sus
obras. A estas celebraciones asistían los ciudadanos y eran motivo,
no solo de entretenimiento, sino también de formación del espíritu
helénico. Es decir, tenían la finalidad de inculcar los valores
éticos correspondientes a su época.
La cultura y el teatro griegos
tuvieron su etapa de esplendor durante el siglo V a.C. A esta época,
conocida como el Siglo de Pericles, pertenecen dramaturgos como
Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Los
ritos anuales en honor de la resurrección de Dioniso evolucionaron
gradualmente hacia la forma estructurada del drama griego. Se
celebraban importantes festivales en honor del dios, durante los
cuales se realizaban grandes competiciones dramáticas. El festival
más importante, las Grandes Dionisíacas, tenía lugar en Atenas
durante cinco días de cada primavera. Para esta celebración los
grandes dramaturgos griegos escribieron sus magníficas tragedias.
Las
obras del teatro clásico antiguo se clasificaban en tragedias
y
comedias.
Las
tragedias se ocupaban de asuntos tomados de la mitología, en las
cuales el héroe o protagonista se enfrentaba contra las fuerzas del
destino, es decir, contra la voluntad de los dioses. Como resultado
de esta lucha desigual, el héroe resultaba castigado, generalmente,
con la muerte. Así, las tragedias tenían como finalidad mostrar
cómo las acciones que se oponían a la voluntad de los dioses eran
debidamente castigadas. El efecto emocional que tales hechos
producían, se denomina “catarsis” y consiste en la reacción de
temor y piedad ante el sufrimiento del héroe que el público
experimentaba. Las comedias, en cambio, eran obras basadas en la vida
cotidiana, con una resolución optimista ya que su intención era
provocar la risa.
Tanto
las tragedias como las comedias, tenían unidad
de acción, lo
que significa que cada obra presentaba un solo conflicto a resolver ;
unidad
de tiempo,
pues los hechos representados no podían durara más de un día; y
unidad
de espacio es
decir que os hechos transcurrían en un único lugar. Por ejemplo, en
la tragedia Electra
las
unidades se manifiestan del modo siguiente:
- Unidad de acción: el conflicto de la obra está centrado en vengar la muerte de Agamenón.
- Unidad de tiempo: la acción se desarrolla en menos de un día.
- Unidad de espacio: la acción transcurre en las puertas del palacio.
Además
de las obras teatrales conservadas, una fuente para el conocimiento
de la dramaturgia griega es la Poética,
de
Aristóteles, especie de tratado sobre las artes de su tiempo,
escrita en el siglo IV a.C.
Hacia
el siglo III a.C, los romanos continuaron con la actividad teatral
imitando el modelo griego. Sin embargo, cultivaron principalmente la
comedia, posiblemente porque esta era una forma de expresión más
adecuada que la tragedia para representar los conflictos sociales e
intereses de la sociedad romana. Dos grandes cómicos latinos de esta
época fueron Plauto y Terencio.
2.
La
Edad Media y el surgimiento de un teatro popular.
Durante
la Edad Media, el teatro clásico tal como fue concebido por los
dramaturgos griegos, quedó en el olvido. La creciente influencia del
cristianismo en el mundo antiguo y la censura eclesiástica de la
actividad teatral condujeron a la extinción de la tradición
clásica. Lentamente, surgió un teatro popular, que se desarrolló
en forma independiente del teatro griego y latino. Sus orígenes se
encuentran en parte, en la actividad de los juglares, quienes eran
artistas ambulantes que contaban historias, recitaban y cantaban
acompañados de algún instrumento, realizaban acrobacias o divertían
al público con representaciones, en plazas y palacios. Sin embargo,
el teatro popular medieval definió su forma a partir de las
representaciones religiosas que se celebraban en el interior de las
iglesias. Desde el siglo X, se registran estas representaciones, que
andando el tiempo generaron varias especies dramáticas como los
milagros,
que eran escenas donde la Virgen o los santos intervenían en la vida
de los seres humanos; los misterios,
que escenificaban conceptos de la doctrina religiosa o las
moralidades
que
consistían en breves piezas alegóricas que ponían en escena la
personificación de las virtudes. Inicialmente, las representaciones
estaban a cargo de los sacerdotes, dentro del recinto de la iglesia y
con una finalidad didáctica. Paulatinamente, las representaciones
salieron al atrio y de allí, a las calles, a cargo de artistas
aficionados y con una finalidad de entretenimiento. Hacia el siglo
XV, se desarrollaron las farsas
que
eran piezas breves cómicas y satíricas, muy alejadas de las
temáticas religiosas.
3.
El
teatro del Renacimiento.
La
irrupción del pensamiento humanista a fines de la época medieval
produjo el Renacimiento en Italia en el siglo XV y su posterior
desarrollo y expansión por toda Europa en el siglo XVI. Los artistas
del Renacimiento reavivaron en la cultura europea el interés por el
legado clásico antiguo e imitaron sus modelos artísticos. Durante
este período, el teatro europeo especialmente en Italia y Francia,
retomó el modelo del teatro griego antiguo en la composición de las
obras pero como expresión principalmente artística más que
moralizante. Las obras tenían un texto elaborado, muchas veces para
ser leído, y estaban destinada a un público cortesano. Las unidades
aristótelicas de composición teatral ( unidad de acción, de tiempo
y de espacio) se respetaban rígidamente, y las comedias de enredos y
equívocos de identidad, según el modelo de Plauto, fueron muy
apreciadas.
Junto
con esta vertiente culta, de tradición clásica, en el Renacimiento
se continuó desarrollando la tradición medieval. Un ejemplo de esta
tendencia es la comedia
dell´arte, una
clase de obra breve surgida en Italia, de representación callejera y
con personajes típicos como los enamorados,
el comerciante
Pantalón,
el soldado
fanfarrón,
el médico
pedante y
los
sirvientes,
Arlequín
y
Colombina,
la sirvienta falsa. A estos personajes se solían agregar otros y
mediante un diálogo improvisado, se representaba una anécdota
esquemática.
4.
El
teatro del Barroco
El
Barroco es un movimiento artístico que predominó en las artes
europeas y americanas durante el siglo XVII. Al igual que su
antecesor, el Renacimiento, surgió en Italia y si bien mantiene
semejanzas con este último en las temáticas referidas a la
mitología y la historia de la cultura grecolatina, el arte barroco
renovó las formas estéticas rompiendo con el equilibrio
renacentista y mezcló tanto en las formas como en los contenidos de
las obras, la tradición clásica con la tradición popular medieval.
En
la historia del teatro, un representante del drama barroco es el
escritor español Félix Lope de Vega, quien además de su prolífica
producción de obras dramáticas, compuso el tratado El
arte nuevo de hacer comedias donde
describe sus pautas estéticas, ajenas al respeto de las unidas
aristotélicas y la rígida diferencia entre comedia y tragedia,
entre otras cosas. A su vez, las historias representadas muchas veces
provienen de historias populares medievales. La libertad con la que
creó sus obras así como la profundidad psicológica de sus
personajes y la calidad de sus textos, lo convirtieron en un autor
muy popular y exitoso en su época, al igual que su contemporáneo
inglés William Shakespeare.
Hacia
fines del siglo XVI, en Inglaterra el teatro era un entetenimiento
muy popular y una labor profesional. Se conoce como “teatro
isabelino” a
la gran producción teatral de los escritores ingleses durante el
reinado de Isabel I de Inglaterra, entre la segunda mitad del siglo
XVI y la primera del siglo XVII. Su principal representante es
William Shakespeare.
En
esta etapa, Inglaterra se modernizó y comenzó a desarrollarse como
una potencia económica y política. La ciudad de Londres creció y
con ella, las compañías de teatro y los nuevos teatros, como El
Globo inaugurado en 1599. Los inicios de estos teatros, inexistentes
durante el medioevo, se remontan a los pistas circulares de tierra
donde se hacían peleas de osos o de perros, en la zonas marginales
de la ciudad. Hacia finales del siglo, el teatro ya era un
espectáculo comercial cuyas compañías de actores tenían el
respaldo de los mecenas, entre los que se contaba incluso la reina.
Además
de la libertad en las pautas de composición de las obras, propia del
arte barroco, el teatro isabelino, y el de Shakspeare en particular,
debe su éxito a la caracterización de los personjes, que pasan de
ser estereotipos a representar individualidades; personajes complejos
en su humanidad, con virtudes y defectos, con los que el espectador
puede sentirse identificado, aún hoy varios siglos después.
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